Qué somos (año 2) | Refundación

Leemos la declaración de intenciones que hicimos para 2015 y de repente somos conscientes de que —de todo lo que dijimos— sólo hemos respetado —eso sí, con coherencia ejemplar— nuestro propósito de definirnos más como una comunidad de lectores que como una editorial. Pero hay algo que hemos incumplido con vehemencia: la idea de que nuestros límites son —deben ser— gráciles. Hoy somos conscientes —en buena medida gracias a lo que aprendimos en el Congreso Internacional de Editoriales Independientes que se celebró en Granada el pasado noviembre— de que es necesario que nos definamos.

La eterna (eternidad equivale a la duración del capitalismo) lucha que se celebra en el interior del mercado de los bienes simbólicos impone un mapa. Los ejércitos son plurales, pero nuestro ojo los unifica y los llama «escritores». Las editoriales son las fortalezas en las que esos escritores se proveen de armas para la batalla, y su arma es su voz. Ediciones Paralelo ha entendido que el campamento guerrillero que movíamos de un lado para otro debe fijarse en el mapa de los bienes simbólicos, para que quienes nos busquen puedan encontrarnos. Paralelo, entonces, es una fortaleza que no renuncia a su naturaleza nómada.

«Que quienes nos busquen puedan encontrarnos» es nuestro principal objetivo. Queremos que los escritores vean nuestra carta de presentación y piensen «yo quiero estar en esa fortaleza, quiero luchar con ellas y con ellos». Pero también queremos que los lectores y las lectoras sepáis dónde encontrarnos.

Sin embargo, esto no significa que cualquiera pueda entrar en nuestra fortaleza. Lejos de replicar los mecanismos del capitalismo salvaje, que pretende hacer pasar la llanura por democracia, en Ediciones Paralelo somos conscientes de que en la rugosidad del terreno se impone el límite que nos permite resistir. Para entrar en Ediciones Paralelo hay que conocer el código, la contraseña. Entonces, también crearemos escritores «paralelos», o haremos que algunos diseñen propuestas para lograr que sus textos hablen el idioma de nuestra editorial. Así nos dedicaremos a aquello que debe hacer una editorial que quiera ser eso, un editor, es decir un guardián de la puerta del Ágora de la gran ciudad, y no sólo un empresario cuyo éxito se cifra en el beneficio económico: crearemos lectores.

De entre todos los lugares en los que podríamos haber fijado nuestro campamento para convertirlo en fortaleza (porque una identidad no puede hacerse estable sin asesinar a muchos de los infinitos seres que alberga) hemos elegido la que exponemos a continuación para refundarnos o, más bien, establecernos.

Lo más importante, lo que nos va a distinguir de cualquier otra editorial, es que vamos a dejar de aceptar manuscritos. A partir de ahora, sólo aceptaremos propuestas. La noción de texto como productor de sentido es absurda en la actualidad. Dada la ingente cantidad de instancias de legitimación que operan en el mercado simbólico de la gran ciudad, un texto no es nada, porque puede serlo todo. Los mismos textos se interpretan de formas diametralmente opuestas, y sólo el poder enunciador y legitimador de la voz que defienda una interpretación u otra determinan la victoria en esa lucha. Si aceptamos esas reglas, quienes nos llamamos independientes seremos derrotados antes siquiera de salir a pelear. Por eso, imponemos nuestras propias reglas. A la fortaleza se ingresa con propuestas, y no con textos. No nos importa lo que un texto dice, sino lo que hace, porque el concepto vacío de calidad literaria no sirve más que para encubrir intereses ocultos.

La noción de propuesta se define de forma clara en este formulario (pulsar para descargar)carta de entrada y salvoconducto para Ediciones Paralelo. Una propuesta es un texto más una figura de autor más una orientación hermenéutica para el texto en cuestión. El formulario se explica por sí solo.

¿Qué propuestas aceptamos? ¿Cuál es el código que franquea el acceso a la fortaleza? Es sencillo: aceptamos las propuestas que tengan cabida en una o más de nuestras tres colecciones. Por la presente, entonces, las colecciones Phnom Penh, Shangri-La Ulan Bator quedan disueltas; los criterios de género (poesía, novela, cuento) dejaron de ser operativos hace más o menos un siglo. Además, descreemos de las colecciones excluyentes; aquí buscamos las grietas, los límites.

Logo La máquina de guerra

La primera de las nuevas colecciones se llamará La máquina de guerra, que es ese aparato nómada (en realidad está en todas partes) que busca las brechas en la definición canónica de lo real. En esta colección, entonces, aceptaremos propuestas que luchen contra lo establecido. Lo que queremos que un texto incluido en La máquina de guerra haga es, precisamente, buscar los límites que parecen naturales y ahondar en ellos, problematizarlos, acaso historizarlos. Por ejemplo, en esta colección cabría El Quijote según la lectura que de él hace Juan Carlos Rodríguez, el Canto general en su lectura más obvia, o la novela Estrella distante, si entendemos que denuncia la aquiescencia de ciertas literaturas con el fascismo. La máquina de guerra busca propuestas reivindicativas, pero no necesariamente textos reivindicativos.

La máquina de guerra busca propuestas bilingües respecto de su propia realidad.

Logotipo Samurai

El nombre de la segunda colección, Samurai, se inspira en una famosa cita del escritor chileno Roberto Bolaño.

La literatura se parece mucho a la pelea de los samuráis, pero un samurái no pelea contra otro samurái: pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, además, que va a ser derrotado. Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura.

Samurai busca aquellas propuestas que hagan que el lector se pregunte si eso que está leyendo de verdad se puede llamar literatura. En cierto modo, eso es invadir y ensanchar un límite: el de lo literario. Pero preferimos explicar Samurai en un eje de significación diferente. Si La máquina de guerra busca propuestas que indaguen en las brechas que existen en la definición y demarcación de lo social, de lo individual, de lo estatal, etcétera, Samurai busca propuestas que asuman un riesgo y hagan que el lector también lo asuma. La colección, entonces, no se define tanto por la capacidad de sus propuestas para abrir y ensanchar grietas, sino para asumir riesgos: busca el solapamiento con las otras colecciones, utilizando un eje cualitativamente diferente para definirse. Samurai introduce en el mercado artefactos que al mercado le disgustan. Sería el caso claro de Nosebundo inducido por substancias, por su uso radical de la estructura, de Tú y yo y las primeras lluvias, que acepta e incluso enarbola la ilegibilidad como elemento de resistencia ante el mercado. Estamos hablando, también, de las propuestas más experimentales de la vanguardia, que no se dejan vender ni encuadrar en categorías preestablecidas. Pensamos en textos como el Codex Seraphianus En la masmédula, aunque sin olvidar que habría que definir las propuestas que dieran dirección hermenéutica a esos textos. También sería el caso de nuestro Pulpería de un brasilero, claro:

«La sinagoga de los insolentes»

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Samurai busca propuestas bilingües respecto de su propia lengua.

Logotipo Caballo de Troya

Por último, la colección Caballo de Troya toma su nombre de una referencia clásica evidente. Los hombres del campamento construyen un caballo de madera para entrar en la gran ciudad; se disfrazan de civilizados utilizando los saberes del Estado. Reproducen un rito, el del regalo, y consiguen entrar en Troya, donde despliegan todas sus armas. Siguiendo la analogía, la colección Caballo de Troya quiere publicar aquellas propuestas que encajen con lo que hegemónicamente se denomina calidad literaria. No busca la calidad en sí (la calidad en sí no existe), sino diagnosticar qué se entiende hegemónicamente como calidad, y publicarlo, pero recontextualizándolo al introducirlo en una editorial como la nuestra. Sin embargo, no somos tecnócratas de la literatura, así que será raro que una propuesta pertenezca sólo a esta colección. Un ejemplo de lo que Caballo de Troya busca se halla en buena parte de la obra de Andrés Neuman. De los textos que hemos publicado, el más representativo sería Compañeros del crimen, aunque La higiene íntima también pertenecería a la colección Caballo de Troya.

Caballo de Troya busca propuestas que hablen una lengua mayor.

Sabemos que este diseño comporta ciertos peligros. En primer lugar –mutatis mutandis, porque el diseño de Anagrama es notablemente más simple que el nuestro- podemos caer en una suerte de anagramización y terminar publicando sólo libros de la colección Caballo de Troya mientras las otras nos sirven como legitimación ante nuestros lectores. Para evitar esto, nos imponemos una norma: publicaremos, alternativamente, un libro de cada colección. Eso acarrea otro problema: ¿cómo demostrar a nuestros lectores que estamos siendo honestos a la hora de distribuir las propuestas entre nuestros sellos? Para eso, incluiremos una breve Nota del editor al final de cada libro, en la que expliquemos por qué lo hemos incluido en esa colección, cuál es la propuesta que justifica dicha inclusión.

Hay pocas editoriales que definan sus límites con tanta claridad. Existe el mito de que en la indefinición se halla cifrada la totalidad; no es cierto. La falta de definición aspira, como máximo, a la traición. La escritura de fronteras sobre el mapa es lo único que puede lograr la resistencia.

Fortaleza de Ediciones Paralelo
3 de febrero de 2016
[día 0 tras la refundación]