Qué somos (año 3)

Hemos decidido apropiarnos del clásico esquema de «diez puntos» para explicar qué es o más bien qué no es nuestra editorial.

Punto uno. Ediciones Paralelo es una editorial sin ánimo de lucro. Ninguna de las personas que en ella participamos percibimos un sueldo por el trabajo que hacemos en la misma. Lo hacemos encantadas, claro, pero preferimos no tratar de hacer virtud de lo que es simple necesidad.

Punto dos. Ediciones Paralelo no recibe manuscritos, sino propuestas. La estética de la recepción nos enseña que un texto siempre presenta una infinita y plástica ambigüedad; no así una propuesta. (Punto tres. Ediciones Paralelo es una editorial situada e hiperconsciente de su ubicación en el campo literario. Llamamos a nuestro lugar «nuestra fortaleza»). Una propuesta es un manuscrito más –valga la redundancia– una proposición que guíe a nuestras lectoras hacia una determinada interpretación de dicho texto. (Punto cuatro. Ediciones Paralelo clasifica sus libros en tres colecciones no excluyentes que desoyen con rigurosa indiferencia los criterios de género. Estas colecciones son Máquina de Guerra, para propuestas combativas, Samurai, para propuestas arriesgadas, y Caballo de Troya, para propuestas hegemónicas). Hasta donde sabemos, no hay ninguna otra editorial que utilice este método u otro similiar para recibir y clasificar sus futuros libros. Entendemos, por lo tanto, que todo esto entraña alguna dificultad, que pide detenimiento. Pueden encontrar más información en este enlace.

Punto cinco. Ediciones Paralelo distribuye sus propios libros y se niega a sacarles ISBN mientras el estado español no ceje en su chantaje y haga de dicho número un capital de la comunidad, esto es, no nos cobre por sacarlo o al menos no nos cobre más de lo que ya nos cobra a través de los impuestos.

Punto seis. Ediciones Paralelo no cobra ni cobrará jamás a ninguno de sus autores por publicar sus libros. Salvo renuncia expresa del autor, éste percibirá el diez por ciento del precio de venta al público de dichos libros. El procedimiento por el que se cobra a un autor por editar o se lo edita sin pagarle nada es considerado por Ediciones Paralelo estafa –en el primer caso– o esclavitud –en el segundo–.

Punto siete. Ediciones Paralelo establece un criterio en extremo riguroso para publicar una propuesta. En Ediciones Paralelo aceptamos aproximadamente uno de cada veinte manuscritos que recibimos. En Ediciones Paralelo toda propuesta pasa por los ojos de un mínimo de tres lectoras (aunque la media es de cinco) específicamente preparadas para evaluar según nuestro sistema de colecciones que, además, son independientes de la editorial, y cuya decisión acatamos. En Ediciones Paralelo no nos importa estar un año entero sin publicar un libro si ninguna propuesta lo amerita. En Ediciones Paralelo enviamos un informe exhaustivo sobre su propuesta a todo autor que lo solicite. En Ediciones Paralelo no nos importa si usted se llama Mario Vargas Llosa, César Aira o Pedro Pérez; usted saca número y se pone a la cola, como todo el mundo, y si tiene prisa se va a una editorial que se doblegue sin resistencia a los ritmos que impone el capital. En Ediciones Paralelo, en fin, no es fácil que le publiquemos: en nuestra fortaleza no hay amiguismo ni se privilegia la fama. Entendemos que la proliferación de las pequeñas editoriales derivada de la democratización de la impresión digital ha devaluado el oficio del editor convirtiéndolo en una rara mezcla entre impresor y relaciones públicas. No es nuestro caso. En Ediciones Paralelo nos tomamos en serio el trasvase de capital simbólico que implica la publicación de un libro y por lo tanto esperamos que se nos exija lo mismo que exigimos. Como dijera la genial Olaia Pazos, en Ediciones Paralelo somos así: menguantes.

Punto ocho. Ediciones Paralelo funciona de forma horizontal y asamblearia. Cualquiera puede integrarse en Ediciones Paralelo si la asamblea vota a favor. Toda socia de Ediciones Paralelo tiene voz y voto en las asambleas, y debe pagar una cuota de cinco euros mensuales. Quien lo desee puede pagar dicha cuota sin inscribirse como socia y convertirse así en mecenas de Ediciones Paralelo. Ediciones Paralelo resistirá mientras no nos hagan elegir entre editar o poder comer tres veces al día. Bueno, dos. Bueno, si son garbanzos y hay un vaso de vino, con una nos vale. Pero menos no.

Punto nueve. Ediciones Paralelo cree que todo esto quizá tenga solución aún; que pensar es un acto revolucionario; que pensar en común es un acto aún más revolucionario; que editar libros sobre política no es la única forma de hacer política; que de hecho, editar siempre es una forma de hacer política; que si Bob Dylan se merecía el Nobel, Tom Waits se lo merecía más; que Roberto Bolaño fue un magnífico escritor (a pesar de sus herederos); que los límites siguen siendo volátiles, y que tal vez lo sean más ahora que nunca; que todo lo sólido se desvanece en el aire; que el grafito de un lapicero puede convertirse en diamante a altas presiones (por ejemplo en el interior de un agujero negro); que es posible decirse editor y decirse independiente; que no hay literatura sin dinero, ni siquiera la literatura contra el dinero (ésta menos que ninguna); que escribir, escribir, escribir; que El pico no tiene nada que envidiarle a Trainspotting; que la poesía es lo contrario de la polisía y que un poema es que mi hermano esté en la cárcel; que en todos los lugares hay literatura salvo quizá en el congreso de los diputados; que ya nos hemos extendido bastante.

Punto diez. Viva Ediciones Paralelo. Vota Ediciones Paralelo.